jueves, 17 de noviembre de 2011

"Simonida," de Milan Rakić



Milan Rakic nació en Belgrado, en el 1876, y fallecido en Zagreb, en el 1938. Fue una de las grandes personalidades de la Serbia Moderna, un poeta de renombre y académico, así como un miembro honorable del cuerpo diplomático serbio y luego yugoslavo. En el 1934, fue miembro de la Real Academia Serbia. Falleció en Croacia, tras una operación.



Famoso por sus notables poemas Un canto honesto y Una canción desesperada, también brilló por un poema que dedicó a una figura muy reconocida en la historia de su patria: la pequeña reina Simonis de Bizancio.

Dado que se educó en París, tuvo en sus poemas la influencia de la flor y nata de la cultura francesa, y al igual que ellos, soñó con un mundo mejor tras las guerras que asolaban Europa en aquella tensa época.




En aquella época, y en medio de los conflictos sociales que nunca faltaron en los Balcanes, un fanático musulmán albanés, armado con un cuchillo, horadó los ojos de un hermoso mosaico del Monasterio de Studenica, que data del siglo XIII, en el corazón de la Serbia Medieval. El mosaico representaba al rey Milutín, ya viejo, donando junto a su joven y hermosa esposa, Simonis, una representación del Monasterio a Dios. Fueron los ojos de Simonis, borrados por obra del infame albanés, a quien Dios perdone su sacrilegio.


Conmovido por este suceso, Rakic escribió su poema "Simonida" (como llamaban a Simonis en Serbia), el cual tengo el honor de traducir como segundo bloque del homenaje que rindo a Simonis Paleologina, la Reina-niña de los serbios, el poema de Milan Rakic en honor a la princesa bizantina:


SIMONIDA


Tus ojos fueron horadados, oh hermosa imagen,
Sobre una pilastra al acercarse la noche,
Sabiendo que nadie contemplaría el pillaje,
La daga de un Albanés te privó de la vista.

Pero ni tu boca, ni tu noble rostro,
Profanar con sus manos se atrevió,
O tocar tu dorada corona, o el regio lazo,
Debajo del cual yacía tu exuberante cabellera.

Ahora en la iglesia sobre la pilastra de piedra,
Llevando serenamente tu atormentada situación
Vestida con las ropas de mosaico y lustre,
Te veo triste, solemne, y blanca.

Como estrellas extintas en el dejado pasado,
Que aún transmiten a los hombres el lejano resplandor
Para que así vean la luz, el tono, el molde
De estrellas perdidas por largo tiempo,

Hoy día sobre mí desde tu regia altura,
De la arcestral piedra cubierta toda en mugre,
Oh, triste Simonida, brilla la luz
De tus horadados ojos tiempo atrás.


Milan Rakic (1876-1938).
Traducido al inglés por Kosara Gavrilovic (www.turtlemom3.wordpress.com/2008/03/22/s-i-m-o-n-i-d-a/), y al español por Galo Garcés Ávalos.