miércoles, 28 de diciembre de 2011

El Fin del Gran Duque Apocauco, según Cantacuzeno


Alejo Apocauco (+ 11.6.1345), oriundo de Bitinia, fue un político bizantino de renombre en el siglo XIV, llegando a obtener altos rangos durante el reinado de Andrónico III Paleólogo (1328-1341), por intercesión de su benefactor Juan Cantacuzeno, el Gran Doméstico.

Ocupó los cargos de Parakoimomenos, y antes de la muerte de Andrónico III en el 1341 se le honró con el supremo mando sobre la flota imperial: Gran Duque (Megas doux). Sin embargo, traicionó a Cantacuzeno junto con la viuda de Andrónico III, Ana de Saboya, y el patriarca Juan Calecas, y así comenzó la Segunda Guerra Civil durante el reinado de la Dinastía Paleólogo (1341-1347).

Apocauco mostró gran crueldad con la familia de Cantacuzeno rehén en Constantinopla, en especial con su madre, la dama Teodora, a la que mandó a prisión, y con el pequeño hijo de Cantacuzeno, Andrónico, apenas un niño.

Tras obtener vientos favorables en el 1341/1342, poco a poco se dio cuenta de que la resistencia de su antiguo mentor y benefactor sería tan cruenta como larga, y aconsejó de forma nefasta a la inexperta emperatriz Ana de Saboya, a la cual instó a empeñar las Joyas de la Corona (1343) a los Venecianos, quedándose con parte del préstamo. Pronto, sin embargo, perdió el apoyo de su hijo Manuel, gobernador de Adrianópolis, mientras que su hijo Juan luchaba por mantener su posición en la Comuna de Tesalónica, controlada por los Zelotas.

Fue el 11 de Junio de 1345, que, con gran imprudencia, Apocauco encontró su fin a manos de prisioneros políticos, como nos narra Juan Cantacuzeno:


“El (Alejo Apocauco) mostró mucha previsión al establecer una guardia para él y al planear construir una prisión en el Palacio de Constantino, cuyo proyecto fue encargado a algunos trabajadores públicos. El constantemente iba allí a estudiar el proyecto y empujándolos (a los obreros) para construir con prisa. Cuando los prisioneros vieron que una prisión estaba siendo construida y que no carecía de tumbas, no ignorantes de su intención, planearon matarlo cuando el fuera allí, suponiendo que ambos bandos se beneficiarían de su muerte. Si ellos tenían éxito, serían liberados de este terror y podrían vivir libremente, mientras que en caso que fallaran, ellos morirían y serían liberados de una vida destinada a cavar (sus propias) tumbas. Los prisioneros tramaron estos planes y aguardaron el momento oportuno para amotinarse y matarlo. El Gran Duque, en otros tiempos cuando le era necesario venir al Palacio de Constantino El Grande, tenía mucho cuidado de si mismo y era seguido por guardaespaldas que iban detrás suyo, ordenando que los prisioneros estuvieran callados en sus celdas hasta que el se retirara de allí, pero esta vez el no tomó en cuenta ninguna de estas precauciones que habían sido sometidas a la presente resolución por Dios, y según parece, éste le abandonó a morir. Los prisioneros estaban dispersos por todos lados, por lo que convergieron en el patio del Palacio, en el cual él (el Gran Duque) había abandonado a sus guardias un poco antes y había entrado con un solo ayudante. Los prisioneros, viéndolo entrar desprotegido y reconociendo que era tiempo de amotinarse, lo atacaron al comienzo unos cuantos y luego más de ellos se unieron al ataque. Entre ellos se encontraba su sobrino, el Duque Alejo, el cual había sido condenado a prisión por el Divino (¿Sínodo?) por el bien del emperador Cantacuzeno. Primero lo atacaron con piedras porque no había implementos de hierro, luego uno de ellos logró encontrar un palo y le golpeó la cabeza varias veces con él y lo hizo caer. Después de esto, con el hacha de un carpintero que vivía en prisión, le cortaron la cabeza. Cuando se enteraron de su muerte, sus guardias y los pajes que estaban con él, no trataron de vengarlo sino perdieron el valor, mientras los otros se dispersaban. Primero, todos los prisioneros convergieron en la escena. La mayor parte de ellos desconocían lo ocurrido. Cuando ellos se enteraron de que el Gran Duque había estaba muerto, algunos de los mas temerarios entre ellos colgaron su cuerpo en las murallas del Palacio. Su cabeza fue perforada con una lanza y del mismo modo la pusieron en las murallas del Palacio para que fuera visible a todos. Ellos pensaron que estas acciones agradarían a las personas que pensaban que el Gran Duque era un enemigo público y responsable de la Guerra Civil. Sin embargo, todo el mundo ignoraba estos acontecimientos. Aquellos que se encontraban dentro se mostraron dispuestos a defenderse en caso de cualquier ataque, envalentonados por el hecho de que las murallas del Palacio eran considerablemente altas. Contra todas las expectativas, nadie tuvo que luchar por él ya que todo el mundo le odiaba y porque la emperatriz (Ana de Saboya), temiendo que ellos iniciaran una revolución les concedió no solo amnistías y juramentos de indiferencia, sino también los libró de otros cargos. Cuando la emperatriz fue informada inmediatamente de ello, mandó al Panhypersebastos Isaac Asen, que de inmediato logró la administración de los asuntos, que tomara todas las precauciones y que los prisioneros prestaran juramento de salir del Palacio. Ella temía que podrían estar tramando dentro. Sin embargo, él (Isaac Asen) fue superado por una gran cantidad de asuntos tanto que descuidó a los prisioneros. Durante ese día y noche lo pasaron allí sin ser atacados por nadie, si hubieran querido salvarse pudieron haber ido a la Iglesia de Santa Sofía o dispersarse a algún otro lugar, ya que nadie estaba vigilándolos. Inconcebiblemente esperaban grandes cosas y que ellos deberían perder sus amadas vidas. Por esta razón, el día siguiente, Tzephraites, uno de los oficiales del hogar del Gran Duque, un sanguinario, cruel e inhumano castigador, ya que el estaba presente en un lugar público, decidió pelear por su amo conmoviendo al pueblo y en especial a los marineros, los cuales le tenían afecto ya que el siempre estaba a gusto entre ellos. Tomando posesión de armas, avanzaron contra ellos. Los prisioneros, que no tenían instrumentos de mucha utilidad ya que no se les permitía tener armas, se vieron obligados a defender las murallas, cuya amplitud superaba la cantidad de ellos y mientras innumerables cantidades les invadían y eran rodeados por todos lados. Cuando se dieron cuenta que las murallas estaban siendo tunelizadas por debajo y estaban a punto de ser quebradas, dejaron atrás las defensas y huyeron a la Iglesia de los Nueve Tagmata, como era llamada. Ellos entraron al santuario interior y se escondieron en los curvos pasajes. La gente los atacó con furia incontrolable, algunos de ellos se refugiaron en el santuario interior mientras otros se hallaron sometidos, aunque un número muy pequeño, especialmente aquellos que asesinaron al Gran Duque fueron capaces de escapar del peligro. En cuanto a todos los demás que no eran pocos en número fueron asesinados. No fue posible obtener el número real porque esta información fue desguazada junto con muchas personas en la ciudad. Y aquellos que atacaron y mataron al Gran Duque fueron asesinados por su propia indecisión”.


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Juan VI Cantacuzeno (1347-1354), Ioannis Cantacuzeni eximperatoris Historia libri IV, volumen II (Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae, Bonn).


Notas:


  • No se sabe exactamente donde queda el Palacio de Constantino El Grande que menciona Cantacuzeno, en donde Apocauco planeaba edificar esa nueva prisión.


  • Los marineros mencionados por Cantacuzeno son los famosos Gásmulos, mestizos greco-italianos o greco-latinos, los cuales servían en la marina bizantina desde los días de Miguel VIII Paleólogo (1261). Apocauco, al ser el comandante en jefe de la flota, comandaba a estas tropas.


  • A la muerte de Apocauco (1345), la regencia se desmoronó, y en el 1347, Cantacuzeno entró en Constantinopla, siendo coronado Basileus en la Iglesia de Santa María de las Blaquernas, con joyas de vidrio pintado.


  • De los hijos de Apocauco, sabemos que Juan se enfrentó a los Zelotas y murió asesinado tras la muerte de su padre. Manuel se pasó a Cantacuzeno.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Miguel VIII Paleólogo (1259-1282). In Memoriam.

Un 11 de diciembre del año de Nuestro Señor 1282, Miguel Comneno Ducas Ángel Paleólogo, Autócrata de los Romanos, y libertador de Constantinopla, falleció en la aldea de Pacomio, en Tracia, mientras preparaba una campaña contra la Tesalia rebelde.



Hijo de Andrónico Comneno Ducas Paleólogo, strategos del Imperio de Nicea y Gran Doméstico, así como gobernador de Tesalónica, pertenecía por línea paterna al noble linaje de los Paleólogos, cuyo origen se remonta a la ciudad italiana de Viterbo, como pronto explicaré.



Sin embargo, la sangre imperial corría por sus venas como herencia de su madre, Teodora Paleologina Comnena Angelina, hija del déspota Alejo Comneno Ducas Paleólogo y de Irene Comnena Angelina, la hija favorita del emperador Alejo III Ángelo (1195-1203), aquel quien destronó y cegó a su hermano Isaac II y por cuya usurpación los Cruzados llegaron a las puertas de Constantinopla en el 1203, para finalmente saquearla en el 1204, con Alejo lejos de la capital, en Mosinópolis.



Así pues, era Miguel de uno de los más nobles abolengos del Imperio Bizantino, tanto asi que el historiador Nicéforo Gregoras lo llama "Diplopaleólogo," en griego Diplopalaiologos, dado que descendía por tanto su padre como por su madre de la casa de los Paleólogos.



Fue un hombre de notables cualidades, tanto así que el emperador de Nicea, Juan III Ducas Vatatzés, supo reconocer sus habilidades y le nombró primer Gran Condestable (Megas Konostaulos) de Nicea, es decir, comandante en jefe de todos los mercenarios francos del Imperio. Se casó con Teodora Ducena Vatatzaina, sobrina huérfana del emperador, a quien según Acropólites éste último "amaba como a una hija." Sin embargo, pronto se vio envuelto en conspiraciones que lo hicieron exiliarse a Iconio, donde el Sultán acogió gustosamente y le puso al mando de sus mercenarios...para cuando regresó a Nicea, perdonado por el emperador, se encontró con el más abyecto odio de Teodoro II Ducas Láscaris, el enfermizo heredero a la púrpura.

Sufrió su familia persecución política cuando ascendió al trono Teodoro II (1254), quien en sus casi 4 años de reinado humilló de muchas formas a los Grandes del Imperio, la famosa Cadena de Oro (como los llama Paquimeres, la nobleza de Nicea). Una sobrina de Miguel, Teodora Raulena, fue casada con Jorge Muzalón, el gran amigo de Teodoro II y un noble de menor rango. La hermana de Miguel, Marta, esposa del Gran Doméstico Nicéforo Tarcaniotes fue acusada de brujería y torturada por los Celtas de la Guardia Imperial, siendo arrojada a una bolsa llena de gatos. Otros tantos nobles fueron humillados por el paranoico soberano, quien finalmente, tras soportar estoicamente una enfermedad degenerativa, falleció en el año 1258.

Tras el asesinato del regente Muzalón durante las exequias del mismísimo Teodoro II, Miguel Paleólogo se hizo con el poder, y tras ser meteóricamente ascendido al rango de Megaduque, fue finalmente hecho Co- emperador de Nicea, llegando a manejar las riendas del Imperio por sí mismo.


En el 1259, obtuvo su más grande victoria sobre los Estados Latinos de Grecia y el Épiro, cuando derrotó contundentemente a las tropas combinadas de Guillermo II, príncipe de Acaya, de Miguel II déspota de Epiro, y de Manfredo rey de Sicilia. En la llanura de Pelagonia, los ejércitos de Nicea comandados por el Sebastocrátor Juan Paleólogo, hermano de Miguel, derrotaron a los latinos tras la deserción de los epirotas y tesalios. Guillermo II fue capturado, y para su liberación se exigió la entrega de los grandes castillos de Mistra, Mani y Monemvasía, futuro núcleo del Despotado de la Morea.

Pero sin dudas, el mayor logro de Miguel VIII Paleólogo fue la tan ansiada reconquista de Constantinopla, capital del Imperio y ocupada por los invasores latinos, liderados por el desdichado soberano Balduino II de Courtenay. Tras haber sido asediada previamente y sin éxito, Constantinopla contaba con una exigua guarnición de unos cientos de hombres. El grueso del ejército latino junto a la flota veneciana había salido a saquear la isla de Dafnusia, en el Mar Negro. Con un pequeño ejército conformado por bárbaros cumanos en su mayoría, y apoyado por Thelematarioi (campesinos de las afueras de Constantinopla, mestizos), el César Alejo Strategópulos reconquistó la Ciudad para los Romanos!!! (25 de julio de 1261).

En su desesperación por huir, Balduino II, último emperador latino reinante en la Ciudad, huyó de las Blaquernas con las ropas que tenía encima, sin poder salvar su imperial gorro y sus espadas...

Miguel VIII entró en la Ciudad el 15 de agosto del mismo año, y fue coronado Basileus Romaion junto a su hijo mayor, Andrónico. Para las navidades del mismo año, Juan IV Ducas Láscaris, el infante heredero de Teodoro II, era cegado siendo apenas un niño, y enviado a una fortaleza del Mar de Mármara. Este acto de crueldad granjeó al Paleólogo los odios populares, sobre todo en Asia Menor.

A la caída de Manfredo y de los Hohenstaufen, reinaba en Sicilia un soberano aún más ambicioso: su nombre era Carlos d'Anjou, hermano de San Luis IX, rey de Francia, y uno de los nobles más poderosos del reino. Su mayor ambición, en palabras del cronista Paquimeres, era "recrear un Imperio como el de Augusto César," y estuvo a punto de lograrlo, en tanto que fue Rey de Sicilia y Nápoles, de Jerusalén y de Albania, Conde de Anjou y Maine, de Provenza y Forcalquier, y también Senador de Roma. Tras acoger a Balduino II y casar a su hija Beatrix con Felipe, heredero al ya desaparecido Trono Latino de Constantinopla, fijó sus ambiciones en conquistar al recién restaurado Imperio Bizantino.

Grandes conflictos tenían lugar en el Imperio. En el 1261, el patriarca Arsenio Autoriano excomulgó a Miguel VIII por usurpar el trono y cegar a Juan IV, y en el 1268 el nuevo patriarca José retiró la excomunión del emperador, iniciando la larga y tediosa pugna religiosa entre los Josefistas y los Arsenitas, la cual recién acabaría en el reinado de Andrónico II Paleólogo (1282-1328). Peor aún, las confiscaciones de tierras llevadas a cabo por el Conde Cádenos en las montañas de Asia Menor debilitó las fronteras que montañeses, leales al recuerdo de los Lascáridas, defendían de los Turcos...

En el 1274, para neutralizar a Carlos d'Anjou, Miguel VIII firmó la Unión de Iglesias en el Concilio de Lyon (1274), aunque tras el ascenso de Martín IV (1281), adepto del rey Carlos, al solio Papal, la estrategia del Paleólogo quedó en agua de borrajas. Durante la Guerra Civil Búlgara (década de los 1270), los ejércitos bizantinos participantes fueron derrotados continuamente por Ivaylo, a quien llaman el William Wallace búlgaro.

En conflicto final se dio en el 1281, cuando al mando de Hughes Le Rosseau de Sully, un caballero burgundio, un ejército venido desde Sicilia y Nápoles enviado por Carlos d'Anjou, tras tomar Butrinto a Nicéforo de Épiro, puso asedio a la fortaleza de Berat (Belegrada, en Albania). Al mando de Miguel Tarcaniotes, la élite del ejército bizantino liberó la fortaleza del asedio, y antes de que comenzara la batalla Sully fue capturado mientras bebía agua de un río, por mercenarios nicenos. Su ejército entró en pánico, y la masacre fue inminente...Desfilaría encadenado por las calles de Constantinopla, en uno de los últimos Triunfos Romanos que habrían de verse en Constantinopla...

Sin embargo, dicho suceso no vapuleó las ambiciones del Anjou, quien empezó a preparar una flota para la conquista de Bizancio, y fortaleció sus contactos con los Señores Latinos de Grecia y hasta con Bulgaria! Miguel Paleólogo, sin embargo, halló amigos en la corte del Reino de Aragón, donde la consorte de Pedro III, Constanza, era hija de Manfredo de Sicilia, muerto en la batalla de Benevento por Carlos d'Anjou (1266). Constanza, quien se consideraba legítima Reina de Sicilia, incitó a su esposo a tomar la isla, y con la ayuda del antiguo consejero real de Manfredo, Giovanni da Procida, el plan se consolidó. Steven Runciman ve el oro de Miguel VIII tras el futuro evento, que habría de arruinar las crecientes ambiciones del rey Angevino...

En la Pascua del año 1282, los habitantes de Sicilia se rebelaron contra Carlos d'Anjou y su tiranía. Ya muchos abusos habían cometido los franceses que ocuparon el reino, como saqueos, abusos de autoridad, violaciones, y todo tipo de vejaciones sobre los habitantes de la isla. Frente a la Iglesia del Santo Espíritu, en las afueras de Sicilia, tuvo lugar el inicio de las Vísperas Sicilianas, aquella revuelta que destruyó los sueños de Carlos d'Anjou, y consolidó la política transmarina de la pujante Corona de Aragón! Y así, Miguel Paleólogo salvó una vez más a Bizancio.

Considero oportuno hacer un análisis breve de su obra. Sus logros:






  • Reconquistó Constantinopla en el 1261, poniendo fin al yugo latino (1261).



  • Fortaleció las conquistas en Europa, sometiendo al Épiro e iniciando la reconquista del Peloponeso (1259).



  • Defendió con éxito al Imperio de Carlos d'Anjou (1281-1282).



  • Formentó la Unión de Iglesias (1274). Sea por política o verdadera convicción, la Unión era un tema que por largo tiempo se discutía, y desde 1204 se había hecho más difícil aún.



  • Reparó los edificios de la Ciudad, la repobló.



  • Fortaleció e incrementó la flota imperial, con 80 barcos y mejores unidades.



  • Creó nuevos cuerpos de soldados, como los Tzakones, Prosalentai, y Thelematarioi. Los mejores ejemplos de "Soldados Minifundistas," en Bizancio, aquellos que tenían una conexión directa con la tierra.



Entre sus errores, cabe señalar:







  • Usurpó la corona al legítimo heredero, Juan Láscaris.



  • Manejó de forma pésima la defensa del Asia Menor, desarticulando el sistema instaurado por los Láscaris, basado en la pronoia a los montañeses del Asia Menor.



  • Gastó mucho dinero en la reconquista de Europa, siendo negligente con Asia.



  • No supo dar respuesta a los emires turcomanos que empezaban a conglomerarse en torno a las provincias de Caria y Licia, así como la ciudad de Tralles, renombrada Andronicópolis o Paleologópolis.



  • Intervino en los conflictos de Bulgaria, gastando recursos y hombres en campañas infructuosas.



  • No supo escoger en ciertas ocasiones a generales competentes (su medio hermano, Constantino Sebastocrátor, batió sin éxito a los francos en la Morea).



  • Finalmente, dejó las arcas del Estado exhaustas.



Con todo, considero firmemente que Miguel VIII Paleólogo fue una figura importante en su tiempo. Un militar capaz, un político astuto, y diplomático eficiente que supo manejar las riendas de su Imperio hasta en un 70%, sin embargo ese 30% a donde no llegó, sería la causa de la ruina y caída de Bizancio. Y así ocurrió.







Bibliografía:







  • Acropólita, Jorge. George Akropolites: the history.



  • Bartusis, Mark C. The Late Byzantine Army, 1204-1453.



  • Geneakoplos, Deno J. Emperor Michael Palaeologus and the West, 1259-1282.



  • Gregoras, Nicéforo. Historia Byzantina, I-III.



  • Kyriakidis, Savvas. Warfare in Late Byzantium (1204-1453).



  • Nicol, Donald M. The Last Centuries of Byzantium, 1261-1453.



  • Paquimeres, Jorge. De Michaele et Andronico Palaeologo, I-II.



miércoles, 23 de noviembre de 2011

Célebres Paleólogos (1081-1259)




El origen de la última dinastía bizantina siempre ha sido materia de debate. Historiadores de la talla de Martin Crusius, hasta Jean-Claude Cheynet, han investigado sobre el origen y el linaje de la prosapia de los Paleólogos de Bizancio, quienes reinaron sobre el Imperio desde el año 1259 hasta el 1453, y cuyos descendientes siguieron reclamando su ya inexistente herencia, autoproclamándose Imperator Romeorum, e incluso llegando a mezclarse la sangre de los mismos en el Principado de Moscú, con el matrimonio de Zoe Paleologina e Iván III en el año 1472.




Muchos estudios han sido realizados sobre los Paleólogos, como la obra del archimandrita Aberkios Papadopoulos Versuch einer Genealogie der Palaiologen, o la monumenal obra Prosopographisches Lexikon der Palaiologenzeit (PLP). Sin embargo, para hablar de la fama de los Paleólogos en Bizancio, hemos de situarnos en el año 1081, cuando el general Jorge Paleólogo, de una prominente familia de latinfundistas macedonios, y emparentado por matrimonio con la familia de los Ducas, se unió a la rebelión de Alejo I Comneno contra Nicéforo III Botaniates.



Nicéforo Paleólogo, padre de Jorge, era un leal adepto del anciano Nicéforo III, y reprobó severamente la conducta de su hijo al apoyar al rebelde Comneno. Sin embargo, pronto tuvo que ceder ante el ascenso del nuevo emperador, por quien murió batallando frente a los muros de Dirraquio en ese mismo año de 1081, luchando contra las hordas normandas. Su hijo Jorge iniciaría el largo linaje de los Paleólogos, y poco a poco se irían emparentando más y más con las familias de la Alta Aristocracia Bizantina, como los Comnenos, los Ángelos, entre otras tantas...



Ya en el 1150, durante las campañas de Manuel I Comneno en Italia, vemos al general Miguel Paleólogo reclutando tropas en Ancona, y junto al Conde de Loritello se enfrenta a los ejércitos reales de Sicilia, tomando raudamente casi todo el Sur de Italia, aunque pereciendo en la ciudad de Bari, alrededor del 1156. Con su muerte, la expedición perdió a su más bravo y capaz comandante, al cual también se le conocía por ser un mujeriego con casi 50 amantes...



En el 1195, encontramos a otro Jorge Paleólogo, al parecer sobrino del primero, quien en siendo senador y general se unió a Alejo "el Sebastrocrátor" en su traición contra el emperador Isaac II Ángel. Alejo III Ángel le honró de diversas formas, aunque Paleólogo fallecería durante el ataque a una fortaleza búlgara en el 1201...




Otro Paleólogo al que debemos contar durante la época de los "Ángeles Terrestres" (nombre que se le daba a la dinastía imperial de los Ángelos) es Alejo Ducas Paleólogo, quien estando casado, fue obligado por el emperador a divorciarse de su esposa y encerrarla en un monasterio, para que así pudiera casarse con Irene, la hija favorita de Alejo III. Fallecería antes que Constantinopla cayera en el 1204, y sólo tendría una niña con su esposa, la dama Teodora, quien se casaría con su primo Andrónico Comneno Paleólogo, general del Imperio de Nicea.



Andrónico Comneno Paleólogo, uno de los más brillantes generales del recién formado Estado Niceno, fue padre del futuro emperador Miguel VIII Paleólogo (1259-1282), y ocupó el cargo de gobernador de Tesalónica y de Macedonia por mucho tiempo, tanto así que cuando embajadores latinos se presentaron ante Miguel VIII para pedirle concesiones territoriales en Macedonia, el les respondió que no, pues era para el "una segunda patria."




En ese mismo tiempo, otro Andrónico Paleólogo fue yerno de Teodoro I Láscaris, soberano de Nicea, y esposo de su primogénita y heredera, Irene. Estaba destinado a ser sucesor de Láscaris, pero murió víctima de una enfermedad veneria, y ya para el 1212 Irene estaba casada con Juan III Ducas Vatatzés, el gran emperador de Nicea.



Finalmente, llegamos ante Miguel VIII Paleólogo (1259-1282), cuya carrera se vio marcada por un juego de lealtades único, primero hacia Vatatzés, el cual, enterándose de una conspiración, ordenó que se lo llevaran preso, ante lo cual Miguel huyó a tierras turcas, donde el Sultán de Iconio lo nombró capitan de sus mercenarios latinos. Para cuando volvió a Nicea, Vatatzés le perdonó, pero el hijo de éste último, Teodoro II, nunca lo hizo, y durante sus casi 4 años de reinado se dedicó a perseguir y a humillar a la Casa de los Paleólogos...

Fuentes:
Acropólita, Jorge. George Akropolites: the history (Oxford, 2007).

Cinnamo, Juan. Deeds of John and Manuel Comnenus (New York, 1976).

Choniates, Nicetas. O city of Byzantium: Annals of Niketas Choniates (Detroit, 1984).

Comneno, Ana. La Alexíada (Sevilla, 1989).

Gregoras, Nicéforo. Nikeforos Gregoras Rhomaike Istoria, Kefalaia 1-11 (Atenas, 1997).

Paquimeres, Jorge. Relations Historiques (Paris, 1984).



Papadopoulos, Aberkios. Versuch einer Genealogie der Palaiologen (Amsterdam, 1962).

Trapp, Erich, et. al. Prosopographisches Lexikon der Palaiologenzeit (PLP) (Viena, 1996).

Cheynet, J.-C. et J. F. Vannier. Etúdes Prosopographiques (Paris, 1986).

sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Un emperador valiente o paranoico?



Teodoro II Láscaris (*1221/1222-18 de agosto del 1258) fue el tercer y penúltimo Emperador Láscaris de Nicea, y por tanto legítimo heredero del trono de los Césares.



Hijo de Juan III Ducas Vatatzés y de Irene Comnena Lascarina, era nieto por vía materna de Teodoro Láscaris, el primer emperador de Nicea, y de su primera esposa, Ana Angelina, viuda de Isaac Comneno Sebastocrátor.



Fue un emperador muy culto, en especial por la esmerada educación que recibió de eminentes figuras como Nicéforo Blémidas, Jorge Acropólita, entre otros...Un defecto que se puede recalcar en él, aparte de su posterior paranoia, fue su vanidad, cuando se vistió con joyas y atuendos pomposos ante los embajadores latinos, quizá hasta extravagantes, y cosa que le reprobó duramente su austero e inteligente padre...



Heredó de su padre un Estado sólido y poderoso, llegando incluso a expandir más sus fronteras, y a la vez consolidarlas. Pese a ser un emperador escolástico, devoto del arte y las ciencias, se mostró como un temible adversario para las hordas búlgaras de Miguel Asen en en el 1255, derrotándolas contundentemente en los desfiladeros de Rupelión, haciendo uso hasta de sus ayudantes de cacería en el batalla. Forzó a los búlgaros a firmar la paz en el 1256, y tras ello se hizo amo y señor de las fortalezas de Servia y Dirraquio, debilitando al hasta entonces temible Principado del Épiro...



Ese mismo año del 1256, su hija María fue desposada por Nicéforo, hijo de Miguel II de Épiro y heredero a sus dominios. Fue en la cláusula matrimonial en la cual el astuto emperador supo presionar a la madre del joven, Teodora Petralifina, de aceptar la ocupación bizantina de Servia y Dirraquio, causando la ira de Miguel del Épiro.



Teodoro II soñaba con crear un "ejército compuesto solamente por Helenos,..." no quería que más serbios, búlgaros, y sobre todo Latinos, siguieran sirviendo en sus ejércitos.



Anhelaba crear un ejército homogéneo que le permitiera consolidar el poder de su creciente imperio, y dejar a la posteridad un ejército compuesto por su propio pueblo. Sin embargo, como sus antecesores, pronto se dio cuenta que el uso de soldados profesionales mercenarios era inevitable en las filas de los ejércitos nicenos...



Sin embargo, grandes errores cometió el Emperador Niceno respecto a su trato con la nobleza. Humilló a los grandes nobles en favor de los menores, siendo de éstos últimos su mejor amigo y hombre de confianza, Jorge Muzalón, el Gran Estratopedarca. Muchas jóvenes doncellas de nobles familias fueron casadas con advenedizos y aventureros jóvenes compañeros del nuevo emperador, como es el caso de Teodora, sobrina de Miguel Paleólogo, con Muzalón, el gran confidente del emperador...






Tanto era su odio a la casa de los Paleólogos, que muchas veces persiguió a Miguel Paleólogo, el varón mayor de dicha prosapia, acusándole falsamente e intentando, según lo que nos relata Acropólita, "probar su inocencia a través del fuego, como los antiguos romanos." Llegó incluso a ordenar su arresto, al mando del Conde Kadenos de los Establos Imperiales, sin recordar siquiera que Paleólogo era su primo político, casado con Teodora, sobrina de Vatatzés, a quien su tío "amaba como a una hija."



Tal fue el odio del emperador, que en cierta ocasión acusó de brujería a la dama Marta, esposa del Gran Doméstico Nicéforo Tarcaniotes (de una de las familias más ricas del Imperio) y hermana mayor de Miguel Paleólogo. Trajeron a la anciana por la noche a Palacio, ante la impotencia de sus familiares, y el emperador ordenó a sus guardias celtas, que desgarraran las sedas del vestido de la dama, y que desnuda la arrojaran a una bolsa llena de gatos!!!



Miguel Paleólogo jamás olvido semejante afrenta, como lo demostró en el 1259 y el 1261. Asimismo, en otra ocasión, viendo que una fortaleza no se le rendía, Teodoro II envió a su Gran Logoteta Acropólita, a que lidiara con los defensores y capitularan. Estos dijeron que capitularían, pero luego se negaron, y como castigo para la ineficiencia de Logoteta, Teodoro ordenó que los Celtas le dieran una paliza al pobre Acropólita, quien nunca perdonó dicha humillación a su soberano, pese a que luego éste último lo restituyó en el cargo con honores...



Teodoro falleció tras una larga y degenerativa enfermedad, quizá efectos de la epilepsia, heredada de su padre, Juan III Ducas Vatatzés, en el año 1258. Si bien dejó un Imperio fuerte, dejó a un sucesor aún infante, y un Regente detestado (Muzalón) por todo el Círculo Dorado (nombre que Paquimeres da a la nobleza de Nicea)...



Mientras se celebraban las exequias del emperador en el Monasterio de Sosandra, en la ciudad de Magnesia (actual Manisa, Turquía), con Jorge Muzalón en calidad de Regente y Gran Doméstico, un mercenario llamado "Karulos," al parecer de Sicilia, entró en la Iglesia y con un grupo de Latinikoi (mercenarios latinos) arremetió contra los hermanos Muzalón, matándolos a espadazos, tras haber exigido ver al niño emperador Juan IV, y haber "entendido mal" cuando el infante levantó los brazos para calmarlos.



Muzalón quien al ver el alboroto causado por los mercenarios frente al Monasterio, envió a su secretario Teofilacto a investigar, entró el pánico cuando el pueblo asesinó a su enviado, y al ver a los mercenarios cubiertos de mallas y armados con espadones, entrar a Sosandra. Andrónico Muzalón, el protokynegos (encargado de la cetrería imperial) se escondió detrás de una puerta, y Teodoro Muzalón, el protovestiarios (jefe del guardarropa imperial) en una esquina de la tumba del emperador, mientras Jorge Muzalón se escondía en el altar.



Karulos sacó a Jorge Muzalón del altar y lo mató a espadazos, mientras que Andrónico y otro pariente de los Muzalón corrían el mismo destino. De Teodoro no sabemos cual fue su final, aunque muchos lo identifican con el Muzalón que años más tarde serviviría a Andrónico II Paleólogo (1282-1328)...el cuerpo de Muzalón fue metido en un saco para ser enterrado después...



Ante los gritos desesperados de Teodora, mujer de Muzalón, un noble de augusta figura se levantó, y le ordenó a viva voz que se callara: Era su tío, Miguel Paleólogo, el Gran Condestable, quien por fin veía su oportunidad de vengarse de la muchas humillaciones del fallecido Teodoro II, frente a la misma tumba del emperador!!!




Bibliografía Consultada:


Acropólita, Jorge. George Akropolites: the history (Oxford, 2007).


Paquimeres, Jorge. Relations Historiques (París, 1984).


Bartusis, Mark C. The Late Byzantine Army (1204-1453) (Philadelphia, 1992).


jueves, 17 de noviembre de 2011

"Simonida," de Milan Rakić



Milan Rakic nació en Belgrado, en el 1876, y fallecido en Zagreb, en el 1938. Fue una de las grandes personalidades de la Serbia Moderna, un poeta de renombre y académico, así como un miembro honorable del cuerpo diplomático serbio y luego yugoslavo. En el 1934, fue miembro de la Real Academia Serbia. Falleció en Croacia, tras una operación.



Famoso por sus notables poemas Un canto honesto y Una canción desesperada, también brilló por un poema que dedicó a una figura muy reconocida en la historia de su patria: la pequeña reina Simonis de Bizancio.

Dado que se educó en París, tuvo en sus poemas la influencia de la flor y nata de la cultura francesa, y al igual que ellos, soñó con un mundo mejor tras las guerras que asolaban Europa en aquella tensa época.




En aquella época, y en medio de los conflictos sociales que nunca faltaron en los Balcanes, un fanático musulmán albanés, armado con un cuchillo, horadó los ojos de un hermoso mosaico del Monasterio de Studenica, que data del siglo XIII, en el corazón de la Serbia Medieval. El mosaico representaba al rey Milutín, ya viejo, donando junto a su joven y hermosa esposa, Simonis, una representación del Monasterio a Dios. Fueron los ojos de Simonis, borrados por obra del infame albanés, a quien Dios perdone su sacrilegio.


Conmovido por este suceso, Rakic escribió su poema "Simonida" (como llamaban a Simonis en Serbia), el cual tengo el honor de traducir como segundo bloque del homenaje que rindo a Simonis Paleologina, la Reina-niña de los serbios, el poema de Milan Rakic en honor a la princesa bizantina:


SIMONIDA


Tus ojos fueron horadados, oh hermosa imagen,
Sobre una pilastra al acercarse la noche,
Sabiendo que nadie contemplaría el pillaje,
La daga de un Albanés te privó de la vista.

Pero ni tu boca, ni tu noble rostro,
Profanar con sus manos se atrevió,
O tocar tu dorada corona, o el regio lazo,
Debajo del cual yacía tu exuberante cabellera.

Ahora en la iglesia sobre la pilastra de piedra,
Llevando serenamente tu atormentada situación
Vestida con las ropas de mosaico y lustre,
Te veo triste, solemne, y blanca.

Como estrellas extintas en el dejado pasado,
Que aún transmiten a los hombres el lejano resplandor
Para que así vean la luz, el tono, el molde
De estrellas perdidas por largo tiempo,

Hoy día sobre mí desde tu regia altura,
De la arcestral piedra cubierta toda en mugre,
Oh, triste Simonida, brilla la luz
De tus horadados ojos tiempo atrás.


Milan Rakic (1876-1938).
Traducido al inglés por Kosara Gavrilovic (www.turtlemom3.wordpress.com/2008/03/22/s-i-m-o-n-i-d-a/), y al español por Galo Garcés Ávalos.



lunes, 14 de noviembre de 2011

El Torneo de Corinto y la gloria del Duque Mestizo



Si bien los Bizantinos habían reconquistado Constantinopla en el 1261, y el Principado de la Morea Franca se hallaba en serios problemas con la pérdida de Mistra, Mani y Monemvasia, en el año 1302, y contraria a las tensas relaciones entre el Imperio y sus vecinos francos de Grecia, los grandes barones de la Nueva Francia (nombre que se le daba a la Morea) y sus pares del centro de la Hélade, organizaron un torneo sin precedentes.



El Istmo de Corinto fue la sede de dicho acontecimiento de boato y gloria, donde la flor y nata de la caballería franca de Grecia, se lució en elegantes trajes, bajo el radiante sol de la primavera del 1302. Caballeros de toda la Grecia Latina, e incluso del extranjero, acompañados por sus pajes, llegaron a Corinto para participar de un acontecimiento cuya fama recorrería la Europa Occidental. Ya desde el siglo XIII, los caballeros de la Morea eran famosos por su destreza y elegancia, tanto así que por mucho tiempo se consideró a dicha región el "Corazón de la Caballería."



Hermosas damas arrojaban sus favores (paños que solían entregar a los caballeros antes de un torneo, una especie de "suerte") a los galantes jinetes que llegaban con brillantes armaduras e impresionantes caballos al Torneo de Corinto. Centenares de caballeros, muchos de ellos de noble cuna, llegaron entusiasmados ante dicho evento, que sin dudas mostraba que los días de gloria y pujanza de la Grecia Franca aún no habían terminado...





En calidad de soberana del más importante señorío franco de la Hélade, la dama Isabel de Villehardouin, princesa de Acaya (otro nombre de la Morea), llegó al Istmo, acompañada de su tercer esposo, el autoritario Felipe de Savoya, príncipe del Piamonte, y su joven hija, Matilde de Hainault. Pero sin lugar a dudas, la estrella del evento fue el afamado y joven Duque de Atenas, Guy II de La Roche, yerno de la princesa, e imagen viva de la tradición caballeresca de la Hélade...




Siete campeones, vestidos de taffetán verde cubierto de mallas doradas, atendieron el torneo, ante una lluvia de favores lanzados con la más grande emoción, y así se dio inicio a las justas de Corinto.



Brilló por su carisma y galantería, Guy de Atenas, el Duque Gásmulo, o Mestizo. Hijo de Guillermo de La Roche, anterior señor de Atenas, y de su esposa, Helena Comnena de Tesalia, parecía que la mezcla de sangres en sus rasgos y, sobre todo, su encantadora naturaleza, hacían de Guy una suerte de ídolo o sensación juvenil entre las jóvenes de su tiempo. Casado desde el 1299 con la joven Matilde, parecía que dicha unión podría unir y hasta consolidar los destinos del Principado de Acaya y el Ducado de Atenas, ý quizá, de haber vivido más tiempo el duque, se habría formado un fuerte Estado unido del Centro y Sur de Grecia...


Vencedor en muchas de las justas, y aclamado por toda la nobleza y pueblo de la Morea Franca, Guy fue finalmente vencido por el experimentado maestro de armas Guillaume Bouchart en combate singular, las puntas de la armadura que protegían la cabeza del caballo de éste último, atravesaron al caballo del Ateniense, quien cayó al pasto del campo...


Así terminó la participación del Duque Mestizo de Atenas en los Torneos de Corinto, la última gran muestra de elegancia, boato, gloria, y sobre todo, apogeo de la Caballería, en un mundo y una sociedad donde no habían conocido dichos eventos, salvo desde la llegada de los Cruzados a Grecia tras 1204.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Un Imperio de papel: Los Emperadores Latinos tras 1261...




En el 1261, las tropas del Imperio griego de Nicea, sucesor del Bizantino, tomaron la arruinada ciudad de Constantinopla. Para la mayoría de historiadores, ese fue el fin del Imperio Latino de Constantinopla, aquel reino fundado por los cruzados en el 1204, que prácticamente feudalizó los territorios europeos de Bizancio, así como impuso formalmente el Cristianismo Católico sobre la mayoritaria población ortodoxa.




Mientras el 25 de Julio en la mañana las tropas griegas y cumanas del general Alejo Strategopoulos entraban en la Ciudad, derrotando a las posibles decenas que apenas vigilaban la Ciudad, Balduino II de Courtenay, el último emperador latino, dejaba su cómoda morada en el Palacio de las Blaquernas para dirigirse a toda prisa hacia el puerto en Bucoleón, y en su desesperada huída, olvidó las insignias de su Imperio: Las espadas en vainas púrpura, y el real sombrero con un rematado por un hermoso y gran rubí...




Sería huésped en las cortes de Roma y de Nápoles, donde recibiría la ayuda del Papa tanto como de los reyes de Sicilia Manfredo (1258-1266) y Carlos I de Anjou (1266-1285), viviendo a expensas de éstos junto a su esposa Marie de Brienne, y su heredero Felipe de Courtenay. Sin embargo, Balduino seguía siendo, ante los ojos de Dios y de los Hombres (al menos en Occidente), Porphyrogenitus, semper Augustus, Imperator Romaniae.


Hay dos puntos cruciales en la estancia de los "Emperadores titulares latinos de Constantinopla," (se agrandó el título) en el Reino de Nápoles:



  • Los Tratados de Viterbo (27/5/1267), en donde Balduino II y su mayor feudatario, el derrotado y trovador príncipe Guillermo II de Villehardouin, prácticamente cayeron a los pies de Carlos de Anjou, quien supo aprovechar la desgracia que ambos soberanos pasaban para conseguir el vasallaje de la mayoría de Estados Latinos de Grecia, y así también ligar por siempre a su propio reino al necesitado Principado de Acaya (Morea), mientras relegaba a Balduino a un papel secundario frente a sus antiguos feudatarios.


  • La boda de Catalina de Courtenay, nieta de tanto Balduino II como de Carlos de Anjou (el hijo de Balduino, Felipe, se casó con Beatrix, hija de Anjou, en el 1273, y tuvieron solo a una niña, Catalina). Gran interés en casar a la heredera del Imperio Latino con su hijo y co-emperador Miguel IX tuvo el Emperador de Bizancio, Andrónico II Paleólogo (1282-1328), quien ya en el 1284 se había casado por segunda vez con Irene de Montferrat, heredera al Reino Latino de Tesalónica, adquiriendo sus derechos ante el mundo occidental. Sin embargo, antes las reticencias del Papado y de la familia materna de la joven heredera, los Anjou de Nápoles, el proyecto quedó en nada, y finalmente Catalina sería desposada por Carlos de Valois, hermano del Rey Felipe IV de Francia (1301), mientras ya en el 1294 Miguel IX se había casado con Rita de Armenia.

Sin embargo, Catalina de Courtenay siguió usando su título como Emperatriz de Constantinopla, el cual compartió con su esposo Carlos de Valois, el más claro ejemplo en el Medioevo de un "Rey de papel." Había sido reconocido como Rey de Aragón en el 1285 en contra de Pedro III, quien finalmente ganó la contienda; tras su boda en el 1301 era emperador titular de Constantinopla, y si bien recibió correspondencia de nobles griegos desafectos al régimen de los Paleólogos, siempre dependió al tomar decisiones del consejo de su hermano, Felipe IV "El Hermoso." Más tarde, tras la muerte de Catalina, ambicionaría la Corona del Sacro Imperio tras el asesinato de Alberto de Habsburgo en el 1308. Ninguno de estos proyectos tuvo éxito alguno.


La heredera de Catalina de Courtenay con Carlos de Valois fue su hija, Catalina de Valois o Catalina II de Constantinopla, quien heredó los derechos de su madre al inexistente Imperio Latino de Bizancio. Por un tiempo se pensó casarla con Andrónico III Paleólogo, nieto de Andrónico II, aunque dicho proyecto no quedó en más que palabras cordiales. Fue desposada (1313), al igual que su madre, como segunda esposa, de Felipe de Anjou, príncipe de Tarento, hijo del rey Carlos II de Nápoles, y casado en primeras nupcias con Tamara de Epiro. Catalina II había estado anteriormente prometida, apenas una niña, con Hugo de Borgoña, en el 1303, contrato que se rompió y que causó ciertos problemas entre las Casas de Valois y de Borgoña, así como de Anjou-Nápoles.


Tanto Catalina II como su consorte, Felipe de Tarento, actuaron cuales señores del Imperio de la Romania, llegando incluso a otorgar tierras que no poseían y títulos a señores latinos en Grecia, como hicieron en el 1325 con Martino Zaccaría, señor de la isla de Quíos, a quien otorgaron la corona del inexistente Reino del Asia Menor y los derechos sobre las islas de Lesbos, Samos, Kos, Tenedos, Icaria, Oenoussai, y las del mar de Mármara. Ninguno de los territorios en cuestión estaban en poder ni de Catalina ni de su marido.


Zaccaria, halagado por tales honores, prometía a los emperadores y a sus herederos 500 caballeros y seis galeras por año, si Felipe conquistaba Bizancio tal y como se esperaba. Sin embargo, dicha expedición jamás se realizó, y aunque Felipe llegó a atacar la Morea y mantener sus castillos en el Epiro (dote de su primera mujer), nunca llegó a materializarse aquella invasión a gran escala del Imperio Bizantino restaurado por los Paleólogos...